Juramento Hipocrático
“…Tendré absoluto respeto por la vida humana, desde su concepción. / Aún bajo amenazas no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad. / Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor.”
Joaquín Andrés Ríos Ortiz, o Jaco para los panas, se despertó una mañana, se bañó, se arregló, vio la foto de su graduación, “un año de más” se dijo, “profesor carev….ga” se dijo, “que fea rural” se dijo, saludó a sus muertos y comió y se fue.
“El Hospital” se alzaba sin importancia, pequeño consultorio producto de su empleo de taxista, ¡Conocidos!, “Aquí mi vida empieza” dijo al iniciar, y así fue pues la suya era la única que hacía eso, las demás terminaban; era curioso, llevaba un registro: de 12 líneas que tenía en la base de su cajón no había ninguna para heridos, casi todos muertos, dos vivos para gloria propia, ya que eso era lo que le quedaba de su profesión, eso y su respeto por el juramento para ingresar a galeno, todo en su mente.
Esa mañana, había llegado una mujer: papeleo, firmas, hoja de ingreso, alarma; la ambulancia se fue y lo que quedó fue una accidentada de tránsito y una hoja con datos: Nombre: Juana Santos. Bla, Bla, a lo importante. Diagnóstico: Posible daño renal y hematomas en… Un momento, Juana, ese nombre le era conocido, por un momento recordó “la rural”, él, joven, inexperto, lejos, con una jeringa y una vena en un momento, con dos muertos al siguiente, y luego con un cabo y dos ortigas en la espalda, en una patrulla, salvado, minutos después.
Los exámenes están listos: Sí, insuficiencia renal… Sí, embarazada. La pobre mujer yacía en un camastro de una esquina, la gente que trabajaba en el consultorio la veía, no sólo Jaco estaba ahí, pero no hacían la diferencia. Bulla, otro enfermo, esta vez no hay papeles, sólo un desmayado en la puerta… billetera… cédula: Ariel Camacho, bla, bla, bla, Juana Santos, bla, bla… un momento de torpeza, reacción, Juana Santos cónyuge. Minutos después, nuevo paciente, otro camastro. Examen físico, chaqueta, bolsillos, ¡bingo!... Un papel: “A quien corresponda, localicen a mi esposa, tengo que donar un riñón… [Mancha de sangre]”.
Más exámenes: Diagnóstico: Falta un riñón, extraído sin ningún cuidado, el otro fallando…
Operación: urgente… Doctor: Joaquín Ríos, “chug…a que suerte”. Ahora el sufrimiento, el papel, la nota, mujer embarazada, insuficiencia renal, el otro fallando… “… ha… es mi oportunidad”.
Esa noche, al cerrar su oficina, el doctor anotó dos líneas más a su cajón: nuevo registro: ningún herido, dos vivos, doce muertos. “Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor.” Pensó, guardó el bisturí en el cajón y lo cerró.
“…Tendré absoluto respeto por la vida humana, desde su concepción. / Aún bajo amenazas no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad. / Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor.”
Joaquín Andrés Ríos Ortiz, o Jaco para los panas, se despertó una mañana, se bañó, se arregló, vio la foto de su graduación, “un año de más” se dijo, “profesor carev….ga” se dijo, “que fea rural” se dijo, saludó a sus muertos y comió y se fue.
“El Hospital” se alzaba sin importancia, pequeño consultorio producto de su empleo de taxista, ¡Conocidos!, “Aquí mi vida empieza” dijo al iniciar, y así fue pues la suya era la única que hacía eso, las demás terminaban; era curioso, llevaba un registro: de 12 líneas que tenía en la base de su cajón no había ninguna para heridos, casi todos muertos, dos vivos para gloria propia, ya que eso era lo que le quedaba de su profesión, eso y su respeto por el juramento para ingresar a galeno, todo en su mente.
Esa mañana, había llegado una mujer: papeleo, firmas, hoja de ingreso, alarma; la ambulancia se fue y lo que quedó fue una accidentada de tránsito y una hoja con datos: Nombre: Juana Santos. Bla, Bla, a lo importante. Diagnóstico: Posible daño renal y hematomas en… Un momento, Juana, ese nombre le era conocido, por un momento recordó “la rural”, él, joven, inexperto, lejos, con una jeringa y una vena en un momento, con dos muertos al siguiente, y luego con un cabo y dos ortigas en la espalda, en una patrulla, salvado, minutos después.
Los exámenes están listos: Sí, insuficiencia renal… Sí, embarazada. La pobre mujer yacía en un camastro de una esquina, la gente que trabajaba en el consultorio la veía, no sólo Jaco estaba ahí, pero no hacían la diferencia. Bulla, otro enfermo, esta vez no hay papeles, sólo un desmayado en la puerta… billetera… cédula: Ariel Camacho, bla, bla, bla, Juana Santos, bla, bla… un momento de torpeza, reacción, Juana Santos cónyuge. Minutos después, nuevo paciente, otro camastro. Examen físico, chaqueta, bolsillos, ¡bingo!... Un papel: “A quien corresponda, localicen a mi esposa, tengo que donar un riñón… [Mancha de sangre]”.
Más exámenes: Diagnóstico: Falta un riñón, extraído sin ningún cuidado, el otro fallando…
Operación: urgente… Doctor: Joaquín Ríos, “chug…a que suerte”. Ahora el sufrimiento, el papel, la nota, mujer embarazada, insuficiencia renal, el otro fallando… “… ha… es mi oportunidad”.
Esa noche, al cerrar su oficina, el doctor anotó dos líneas más a su cajón: nuevo registro: ningún herido, dos vivos, doce muertos. “Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor.” Pensó, guardó el bisturí en el cajón y lo cerró.
