Un buen día intenté recurrir a la inteligencia, pensé que la obscuridad me protegería, iría a lo más recóndito del mundo, me protegería de esa luz que refleja mis facciones y me deforma a mi vista tal y cómo soy, lo hice, no funcionó, fue más astuto, o yo fui muy descuidado.
En otra ocasión, fui más allá, creí saber que aquello me miraba, me escudriñaba de arriba a abajo, sabiendo cosas que yo no, sabiendo que todo lo que había hecho no valía porque él sabía lo que yo hice.
Y después pasó, que cada día que empezaba yo iba muriendo de a poquito, de bastante porque él quería vivir, él decidía, y yo moría.
Tres minutos después me diagnosticaron un tumor cerebral.
