martes, 11 de octubre de 2011

Cobardía

Y disparó tres tiros al aire... después sólo el viento, el viento y los desechos del ruido de cada una de las balas huyendo de quien las liberó al mundo como seres, que al igual que todos, tenían un propósito... luego nada.

Yo vi desde lejos aquella fascinante escena, fascinante porque siempre quise disparar un arma, y también porque vi que aquel personaje no se pudo disparar en la cabeza; ahora que lo pienso más que interesante, me pareció familiar aquella escena como cuando uno intenta hablar, algo importante desde luego, y no consigue decir nada, sólo emitir unos ruidos sin sentido, o cambiar el tema que es lo que se hace hoy en día, y luego el silencio de algo que se apagó porque fue importante y no se lo dijo, o casi no se lo dijo, porque por lo general el intento es más fuerte que la prisión, y lo consigue, y sale, y se pronuncia, y se escucha, y casi se entiende, ya que casi fue a su tiempo, ya que casi el pensamiento muere, ya que casi, al morir en el interior, mata una parte del captor.

Y fue así, el personaje no se atrevió a realizar lo que tenía pensado, se desplomó, murió; yo a mi suerte, también me desplomé, casi muero.

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